miércoles, mayo 13, 2009

Tampoco es cuento, es una huella

Desapareció un día cualquiera, en realidad entre tantas cosas que tengo por hacer, no me percaté de su ausencia. Ya no pisa el asfalto que hay debajo de mi ventana. Recuerdo que un día estaba asomada fumando un cigarrillo y me llamó la atención aquella mujer delgada, alta, morena y con un físico atlético, a pesar de la deformidad de su pierna derecha. Parecía un arco desde la cadera hasta la rodilla y aún así llevaba pantalones largos. Siempre con un bastón, se desplazaba a paso rápido por la calle. Los músculos de sus brazos eran bien definidos. Tenía un cuerpo envidiable, excepto su deforme pierna. También se notaba a leguas que era gente pobre.
Iba y venía, como si anduviera haciendo diligencias, una mujer joven ocupada, con quehaceres domésticos, pensaba yo.
Admiraba la manera de desplazarse y su talante. Un buen día observo que compra algunas chucherías en el kiosko de aquí abajo y todo lo colocaba en una bolsita plástica, inclusive, el dinero. Se sentaba en un muro que hay enfrente y allí pasaba horas de horas. Me perturbaba saber que no tenía una cartera o un bolso que pudiera guindarse de la espalda para que su andar fuera mas cómodo, ya ocupaba sus dos brazos para poder desplazarse. Con el derecho tomaba el bastón y con el izquierdo hacia movimientos circulares a modo de impulso. Admiraba su manera y me producía angustia que no tuviese algo cómodo donde llevar sus “pertenencias”. Y así me tocaba verla casi todos los días y todos los días la admiraba y me preguntaba muchas cosas sobre ella.
Un día decidí obsequiarle un morral y tuve que esperar varios días para volver a verla y bajar a entregárselo, ¿ a cuenta de qué ? Pues a cuenta de ponerme en su lugar, a cuenta de pensar que a mí me sobraba algo que a ella obviamente le faltaba.
Pasaban los días y no lograba verla hasta que decidí preguntarle al acomodador de vehículos del restaurante de abajo, si por casualidad la había visto y me dijo: ¿ A quién al transformista?
Yo le contesté, no ella no es transformista, al menos no parece. En fin dile que la señora de allí arriba tiene algo que darle.
Estuve pendiente y nada. Hasta que un buen día la veo pasar y tomé el bolso y bajé las escaleras aceleradamente, no fuera que se me escapara.
Crucé la calle y le dije: ¡ Epa, mira ¡ y ella volteó y me miró. Al verle el rostro, al ver su mirada, comprendí que si era realmente transexual. Sentí algo extraño en su mirada y cuando me habló más aún me embargó una sensación de desasociego, pero que superé en el mismo momento, al fin y al cabo no era un ser extraterrestre, no era ET, era un ser humano.
Le dije: Hola, mira yo te veo pasar siempre y me parece que esto te podría ser útil.
Ella me respondió: Ay gracias mamita…
Y rápidamente desaparecí del lugar. Pero luego desde arriba la observaba.
Pasaba siempre con su bolso y al comprar cualquier galleta o chuchería en el kiosco, ya tenía la comodidad y el lugar ideal para guardar sus cosas. Eso me hizo feliz y comencé a hacerme preguntas sobre su pierna, por qué la tendría así totalmente torcida, si sería de nacimiento, si sería de una enfermedad en su infancia, o si sería un tiro o un accidente…siempre lograba llamar mi atención y con ella pensamientos saltaban y preguntas me hacía hasta el cansancio.
Un día me di cuenta que estando sentada en el muro de enfrente se metía “crack”
Y desde aquí podía notar sus cambios, y su viaje comenzaba con pedirle dinero todo el que pasaba por allí. La mamá que venía caminando con su hijito, el vendedor de chicha, la señora que venía cargada de bolsas de abasto, transeúntes y más transeúntes, eran todos abordados por ella, algunos le daban algo, otros la ignoraban o la miraban con desprecio.
Todo esto llamaba mi atención y sacaba conclusiones, reflexionaba y me condolía cada vez que la veía meterse sus piedras y darme cuenta de sus viajes y su mendigadera y como iba cambiando. Todo lo que hacía, como se tambaleaba, escupía, se tocaba sus partes íntimas, comía, gritaba, etc.
Supe que era del barrio que está debajo del puente de la plaza de Las Tres Gracias. Que en su tiempo fue hermosa, ahora es una plaza casi en ruinas.
Un día me senté a escribir un poema titulado Rosita, en el que pude expresar lo que esa musa me inspiraba y todos los días me patinaba su ser en mi memoria.
Supe que tenía un novio de por allí. Y llegué a verla gritar por la calle insultando a la gente. Para mí todo esto era patético, me producía dolor, angustia, y miles de interrogantes. Supe que hubo ajustes de cuentas entre transexuales de la zona, supe de crímenes y Rosita más nunca ha vuelto por aquí. Un personaje que me impactó mucho y por el que hubiera querido hacer algo, lamentablemente excepto el haberle regalado el bolso, nada pude hacer. A veces pienso que pudo haberlo vendido para comprar su droga porque después de un tiempo no lo portaba. Al final pasó a la historia Rosita, pero dejó al menos en mí una huella, un poema y este relato que termina en este preciso momento y todas las reflexiones que hice en ese transcurso.

Antonietta Valentina

2 comentarios:

  1. Así es, Antonietta
    Yo lei tu poema en Aires

    Un abrazo amiga mía

    He disfrutado de este momento
    leyendo tu conmovedor relato

    Un abrazo inmenso, poeta

    Rosa

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  2. Muy impactada quedè yo con el personaje...aùn pienso en el o ella, ni sè cmo llamarle.

    un beso

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